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jueves, 3 de septiembre de 2015

Festín de cuervos // G. R. R. Martin (2005)

«¿quién tiene mejor vista que el cuervo? Tras toda batalla, los cuervos acuden a cientos, a miles, para celebrar un festín con la carne de los caídos. Un cuervo es capaz de divisar la muerte a distancia».

Hoy afronto una tarea complicada, aquella que consiste en reseñar un libro intermedio de una saga. El problema en estos casos está en dar una visión concreta y detallada del tomo que nos ocupa sin desvelar asuntos, tramas o desenlaces que puedan spoilear a quienes no han llegado a este punto y simplemente buscan un aliciente para continuar con la aventura. Además en este caso, debido a la corta vida de este Blog, es la primera reseña de esta saga que hago así que me veo casi en la obligación de no sólo hablar de Festín de Cuervos si no también de loar las páginas de toda la colección de Canción de hielo y fuego de G. R. R. Martin.

Para quienes conozcáis estas novelas por la famosísima serie de televisión, deciros que yo soy (o fui) uno de vosotros. Comencé la andadura en 2013 tras quedar prendado de la serie, pero con el tiempo el papel ha ido derrontado incontestablemente a la pantalla. La lectura de estos magníficos libros supera con creces a la ya de por si buena adaptación y aporta, además de una versión ligeramente diferente (la versión real del autor), unos matices y un nivel de detalle difícilmente abarcables en 40 minutos de televisión. No voy a mentir diciendo que la lectura de esta saga sea liviana, a menudo se ha que recurrir a los apéndices, tanto de mapas como de linajes de las casas, para saber donde o quien desarrolla la acción, pero pese a eso las páginas se devoran con tremenda rapidez. La magistral pluma de Martin traza un hermoso universo lleno de personajes, intrigas, traiciones y ambiciones que incluye la dosis justa de magia y fantasía, sangre, batallas y combates.

«En el juego de tronos, hasta las piezas más humildes pueden tener voluntad propia».

En el caso de Festín de Cuervos, la trama recupera el curso natural tras la tempestad de las entregas anteriores. En esta nueva edición no hay grandes movimientos ni batallas épicas ya que el paso de la tormenta anterior se llevó todo atisbo de valor y gallardía. Ahora quienes mandan son los cuervos, seres oportunistas acostumbrados a pescar en río revuelto que devoran indistintamente los cadáveres de reyes o cocherizos. Las peleas por los pedazos desmigados de los siete reinos desvela el lado más oscuro de los personajes que no dudan a la hora de aprovecharse de una tierra empobrecida y convaleciente.

«¿Cuánto vale una corona si un cuervo puede cenar carne de rey?

Quizás más pausada, con más asuntos de cámara y pocas batallas o giros inesperados y sorprendentes, Festín de Cuervos es hasta el momento la más floja de las publicaciones de esta insuperable saga de ficción medieval. Aun así considero esta lectura imprescindible por todo lo que conlleva llegar hasta ella y todo lo que predispone para futuras lecturas. Un libro de transición, que a mi entender preparar el terreno para la que se avecina, pero que aun así conserva el toque y la magia de G. R. R. Martin que te mantiene pegado al sofá leyendo y descubriendo más cosas sobre este fantástico mundo que es Canción de hielo y fuego.



Fd: El lector Invisible

jueves, 16 de abril de 2015

Frankenstein // Mary Shelley (1818)

«No seas injusto, Frankenstein, acusándome sólo a mí, que soy acreedor a tu justicia y hasta a tu clemencia y tu afecto. Recuérdalo soy tu obra y debería ser tu Adán, pero más exacto sería que me consideraras el ángel caído, expulsado por ti de las alegrías y arrojado a la miseria. Por todas partes veo felicidad de la que estoy excluido. Era bueno y la desgracia me hizo un malvado: hazme feliz y volverá a mí la virtud».

Enfrentarse a un clásico de la literatura universal es una tarea complicada y mucha veces hasta desagradecida ya que normalmente cuando afrontamos este tipo de lecturas lo hacemos condicionados por unas expectativas consecuencia de las numerosas influencias recibidas. Ocurre pues que nuestra mente tan acostumbrada y familiarizada con los tópicos impuestos es incapaz de desligarse de su influjo pudiendo llegar incluso a alterar o desvirtuar de alguna manera el escrito original para asemejarlo a nuestros recuerdos. Intentando evitar caer en esta simpleza y sin perder la perspectiva de la lectura me puse manos a la obra con el clásico por antonomasia de la literatura gótica o de terror, Frankenstein o el moderno prometeo de Mary Shelley,

Quien no conoce, ya sea por las numerosas películas, dibujos o por cualquier otro aspecto de nuestro acerbo cultural, la historia de este gigantón conformado de retazos de cadáveres, que insuflado de la chispa vital por su creador, Victor Frankenstein, retorna de entre los muertos para asustar y horrorizar con su aspecto y actos a la sociedad puritana del momento. Pues bien, aunque el argumento básico sea tremendamente ordinario, es necesario profundizar para apreciar los diferentes aspectos y matices que hicieron y hacen grande a esta obra.

Entre una prosa elocuente y enriquecedora, muy directa y sugerente, dinámica e incluso estimulante encontramos una alegoría de los propios miedos, inseguridades y preocupaciones del hombre, aun influenciado por los designios de una iglesia permanentemente dominante. Estos miedos y dudas manifestados de la manera más brutal y terrorífica que la autora pudo imaginar, caracterizan la sociedad del momento: temerosa y recelosa, aunque cada vez más preparada por el continuo progreso de la ciencia. También se atisba, reflejada en la piel del monstruo, otra de las preocupaciones existenciales del momento, la impotencia que sufre el hombre frente a la crueldad involuntaria de su creador, que permite con su omisión la maldad y la crueldad. Frankenstein es por tanto una caracterización en clave de terror de la sociedad del momento que refleja a la perfección las preocupaciones e inseguridades de principios del s.XVIII.

La lectura de este título ha arrojado sobre mi impresión un contraste de luces y sombras. Por un lado se encuentra la prosa, profusa y rica y llena de reflexiones ocultas, que sin duda ayudó a aumentar la popularidad de este clásico, mientras que por el otro lado está la degeneración que toda fama conlleva, envenenando el sentido original. La impecable narrativa de la señora Mary Shelley y los matices escondidos de un clásico híperconocido son mis argumentos para recomendaros esta ya de per se, fantástica historia de terror.

Fd: El lector Invisible


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