jueves, 4 de febrero de 2016

La pandilla de Asakusa // Yasunari Kawabata (1930)

«Asakusa es Asakusa para todos. En Asakusa, todo está en estado salvaje. Los deseos bailan desnudos. Todas las razas, todas las clases se mezclan formando una corriente sin fondo, interminable, que fluye noche y día, sin comienzo ni fin. Asakusa está lleno de vida...»
Soeda Azenbô

Algunos ya sabíais, y si no, os enteráis ahora, que siento una profunda devoción por todo lo que rodea al París de los años 20 y esa magnífica Generación perdida que se desarrolló bajo su amparo. Debido al enorme influjo que este tema causa en mi y atraído por sugerentes recomendaciones que afirmaban de esta obra que era el equivalente japonés a la magia parisina de la segunda década del siglo XX, decidí cruzar miles de kilómetros para comprobar si en esto de la literatura también existe la convergencia evolutiva. Aquí os presento La pandilla de Asakusa, novela del, hasta el momento desconocido para mi, Nobel japonés Yasunari Kawabata.

La novela, que como muchas otras obras de la época fue publicada por entregas en revistas y periódicos locales populares, se centra en describir con alto lujo de detalles el antiguo barrio tokiota de Asakusa, un equivalente oriental de los barrios más modernos y libertinos de las capitales europeas. La pandilla de Asakusa en su sentido estricto la componen una serie de personajes, en su mayoría femeninos, que acompañan al protagonista/escritor/voz en tercera persona, por los rincones y recovecos de este floreciente barrio.

«En medio de todos estos delincuentes, Asakusa es un pequeño bribón. Y, para bien o para mal, la juventud tiene encanto, energía y un espíritu progresista».

A decir verdad, y aunque puedan aparecer algunos personajes con mayor o menor frecuencia y en cierto sentido éstos seguir una especie de hilo argumental, la novela es una oda a un barrio, un monográfico de las costumbres más variopintas de los japoneses de aquella época de transición. Kawabata nos presenta una Asakusa con un encanto vulgar, con el atractivo de la mundanidad y lo sexual de lo frívolo y obsceno. De labios mal pintados y moños despeinados. De quimonos sueltos y medias rasgadas. Asakusa es el barrio de la tradición y de la brutalidad, centro neurálgico de entretenimiento de una gran urbe que aun y todo sabe mantener la esencia cultural de barrio.

«Erotismo y sinsentido, velocidad y humor de historieta cómica, canciones de jazz y piernas femeninas...».

A pesar de no haber encontrado ni un atisbo de la magia parisina que me acercó a su lectura, en conclusión estoy satisfecho con mi primer contacto con la literatura japonesa y ese modo tan suyo de expresarse, de transmitir, de narrar y de hacer o no relevante cualquier instante. Esto no quiere decir que su lectura no haya costado lo suyo, es más, en múltiples ocasiones he tenido que volver atrás para cerciorarme de quien era el narrador o en que momento del argumento me hallaba, pero aun así, no puedo culpar a nadie. Estas cosas ocurren cuando te enfrentas a un texto oriental relativamente “antiguo” desde una aproximación occidental. Una ardua tarea de interpretar cambios de voces narrativas y sentimientos expresados de maneras completamente diferentes.

La pandilla de Asakusa es en resumen un recuerdo del modo de vida, una novela costumbrista donde la corriente imperante de occidentalización y modernismo consigue difundirse entre la tradición perdurable en el fondo de la gente, pero donde el registro por parte del autor puede volverse casi enfermizo al querer salvar de la quema del tiempo hasta el más minúsculo detalle.

Fd: El lector Invisible

jueves, 7 de enero de 2016

Ender el xenocida // Orson Scott Card (1991)

«¿Cómo se las arreglan estos humanos para empezar con tanta inocencia y acabar siendo al final los que más sangre tienen en las manos?».

Desde que la afición por la lectura arraigó en mi con cierta consistencia he estado buscando libros novelados que desahoguen mis inquietudes biológicas. Ya sea con un protagonista biólogo, que no médico, ni ingeniero científico, ni naturalista amante de los animales o con una trama que tocase aspectos o temas relacionados con la biología, mi búsqueda hasta el momento ha sido bastante infructuosa. Mi sorpresa llegó cuando después de leer El juego de Ender de Orson Scott Card y decidir seguir con la saga, tanto el segundo libro La voz de los muertos, como Ender el xenocida que hoy os reseño, contienen bajo mi punto de vista una nada desdeñable carga o base biológica.

La historia de este tercer libro continua con Ender donde quedó en la anterior entrega, en Lusitania, un excepcional planeta muestra de que la convivencia entre especies alienígenas es posible. El problema reside en que una de esas 3 especies, los nativos del planeta, necesitan de la deslocada, un virus altamente agresivo y devastador, para sobrevivir y completar su ciclo de vida. De esta manera lo que para unos es simplemente parte de su forma de vida, tanto para los humanos como los insectores (la tercera especie del planeta) supone una potente arma biológica capaz de exterminarlos por completo. Así pues ante la amenaza de que la deslocada consiga abandonar Lusitania, el Congreso Estelar decide anticiparse enviando una poderosa flota a Lusitania capaz de aniquilarla con un sólo disparo.

Y hasta ahí puedo leer. La trama como veis, poco tiene que ver con el primer libro, El juego de Ender, y aunque mantiene al personaje principal con su profundo sentimiento de arrepentimiento y su constante lucha interior en pos de compensar los daños que causó, el protagonismo de Ender decae considerablemente, pasando de eje central a simple excusa que ya ni siquiera sirve de unión para el resto de personajes. Eso unido a las arduas reflexiones sobre religión y filosofía futurista, hacen que a veces, en novelas tan extensas como esta, se pierda un poco el hilo o el interés si no se intercalan acciones más dinámicas. Menos mal que para mi gusto Card adereza de vez en cuando la trama con toques biológicos que en mi caso me han servido para lidiar con las largas diatribas religiosas o filosóficas.

Tengo que confesar que a pesar de esa dosis biológica, empleada aceptablemente dentro de los límites conceptuales de O. S. Card, esta entrega es un poco bastante más floja que la anterior. Si bien es cierto que esclarece muchos frentes abiertos y ayuda a atar ciertos cabos, la falta de originalidad, que no la falta de novedades, hace que Ender el xenocida sea la entrega más plana y monótona de hasta la fecha, y aunque hacia el final adquiere velocidad y ritmo, cuesta adaptarse a ello durante tantas páginas. Es lo que creo que ocurre en todas las sagas, el autor necesita un libro de transición y de asentamiento. No obstante hay que recordar que sigue siendo parte de una saga increíble y la historia en si, aun sin los premios que consiguieron sus predecesoras, continua atrapando.


Fd: El lector Invisible

martes, 29 de diciembre de 2015

Resumen del año 2015

Concluye 2015 y con él un año lleno de momentos dedicados a la lectura y su difusión, y aunque siempre te queda la sensación de que se podría haber leído mucho más, el cómputo final, con 16 lecturas resulta bastante satisfactorio para el nivel de vida que llevo. Además aunque realmente este blog se creara en diciembre de 2014, prácticamente este año que dejamos ha sido el año de su nacimiento así como de su crecimiento, evolución y establecimiento. Obviamente aun queda mucho camino por seguir, mucho que mejorar y que seguir ofreciendo, pero la tónica general, recibida en parte gracias a la multitud de comentarios dejados por todos vosotros, mis lectores no tan invisibles, sólo me invita y me motiva a seguir leyendo.

Y bien, aun sabiendo que hasta ahora sólo había realizado reseñas de lecturas o como mucho alguna anotación de las adaptaciones al cine de dichas aventuras, me ha parecido interesante para concluir el año, hacer un resumen de lo que este 2015 ha dejado en mi saber literario. No pretendo hacer una recopilación de todas las entradas publicadas, si no transmitir de una manera diferente a lo hecho hasta ahora, la sensación general que me deja el mundo de la literatura tras un año dedicado a leer. Quiero destacar de esta manera los tres mejores libros que he tenido el placer de disfrutar este año y también porque no, aquellas grandes decepciones. También los descubrimientos que 2015 me ha ofrecido y los que espero que traiga 2016.

Así pues, sin más dilación, os dejo con el resumen del año 2015. ¡Que lo disfrutéis!

Las tres mejores lecturas del 2015

Es muy difícil elegir de entre todas las lecturas aquellas tres que puedo considerar las mejores, ya que a la hora de elegir las valoraciones finales que aparecen al final de cada reseña, algunas veces sólo tengo en cuenta el gusto final que me deja la novela, y no un sinfín de circunstancias accesorias y circundantes que sólo se pueden apreciar con el tiempo y la distancia. De esta manera y aunque tanto Plataforma como Son de mar no estén catalogadas como Imprescindibles, para mi han sido las lecturas que más he disfrutado. Quizás se deba a que las leí en verano, sin presiones ni obligaciones o simplemente porque es lo primero que leo de estos autores (uno transgresor y el otro valenciano, de mi tierra) pero la verdad es que tanto el tono crítico y directo de Houellebecq como el misticismo y romanticismo clásico de Vicent me han cautivado. De Hemingway poco tengo que decir. Con París era un fiesta he vibrado de principio a fin. Es lo que tiene tener predilección por este autor, esa época y ese lugar.

Las tres peores lecturas del 2015

No voy a recrearme mucho en este apartado. Las novelas que aparecen aquí lo están por diferentes motivos: un lenguaje muy recargado y complicado, con un argumento difícil de seguir, un género literario que decididamente no es el mío o una decepción creada por las altas expectativas que genera un tan alto galardón como el Premio Nobel. Lo que si quisiera recalcar es que a pesar de todo, aun quedando un poco decepcionado, siempre se pueden sacar aspectos positivos de la literatura. Es la magia de la lectura, que a pesar de no quedar prendado de un texto, siempre hay cosas que te enriquecen y por las que merece la pena leer.

Los tres descubrimientos del 2015

Sé que no tiene mucho sentido titular descubrimientos del año y hablar de autores de los que apenas he leído una sola novela, pero muchas veces con eso basta. Hay veces que una sola mirada puede decir mucho más de una persona que los volúmenes completos de sus memorias o que, como ocurre en este caso, con sólo un atisbo de su obra, sepas perfectamente que ese autor escribe para ti. Me ocurrió a principios de año con Kundera y esa manera suya de ser profundo en la ligereza, de hablar de sentimientos y personas tan lejanos a ti pero a la vez tan cercanos. También me pasó con Houellebecq y su manera tan cínica y agresiva de contar las cosas, sin tapujos ni tabús, directo, sin intermediarios. Y por último también con Andy Weir y su Marciano, con el que he conectado de nuevo con la verdadera ciencia ficción, con el rigor y la verosimilitud, con la ciencia pero también con la ficción.

Los tres deseos para 2016
  1. Lolita // Vladimir Nabokov
  2. En el camino // Jack Kerouac
  3. Eduardo Galeano

En esta breve lista de los deseos, obviamente hay muchos más autores o novelas en mi lista roja prioritaria, he querido poner sólo una representación de aquellos que ya me queman en la estantería. Tanto Nabokov como Kerouac llevan demasiado tiempo pidiéndome a gritos que los abrace apasionadamente y aunque sé que aumentando las expectativas lo único que puedo conseguir es que el batacazo sea más grande, no puedo dejar de imaginar los buenos momentos que me depararán. Los dos entran dentro de esa etiqueta de clásicos contemporáneos que tanto me gusta y estoy seguro de que no defraudarán. Con Galeano me ocurre algo diferente. Desgraciadamente lo he tenido que conocer a partir de su muerte, pero su sensibilidad me ha conquistado con apenas las pocas pinceladas que he absorbido de él. Además espero que su pluma que me sirva de puente para adentrarme en la surrealista literatura sudamericana que también tanto tiempo lleva rondando tras de mi.


Fd: El lector Invisible

jueves, 19 de noviembre de 2015

El oro del rey // Arturo Pérez-Reverte (2000)

«Y de tal modo aprendí que es fácil batirse cuando están cerca los camaradas, o cuando te observan los ojos de la mujer a la que amas, dándote vigor y coraje. Lo difícil es pelear solo en la oscuridad, sin más testigo que tu honra y tu conciencia. Sin premio y sin esperanza».

Como ya viene siendo habitual, noviembre se convierte para mi en el mes de las sagas. Después de pasar todo el año entre lecturas pendientes, novedades o descubrimientos, el reloj biológico anual me va apremiando para que complete alguna de las sagas que tengo comenzadas. La de las aventuras del capitán Alatriste, de la cual hoy traigo la cuarta entrega, me acompaña desde hace exactamente 4 años, cuando descubrí la ligera pluma de Pérez-Reverte. Así pues, disponed vuesas mercedes a embarcar en el aquel asunto que incumbió a Íñigo Balboa y camaradas en busca de El oro del rey.

Esta vez, la aventura aborda a Íñigo y al capitán a su regreso de Flandes, en Cádiz, capital de las rutas del comercio ultramarino. Allí, y a petición del mismísmo rey de España, Felipe IV, el notable literato Quevedo encomienda a Diego Alatriste y Tenorio, la secreta misión de recuperar un cargamento de oro venido de América que la codicia y la corrupción de los navegantes españoles ha escondido bajo la cubierta de un pequeño velero mercante. La misión lleva por tanto a los protagonistas a recorrer los más variopintos rincones de Sevilla en busca de una tripulación a la altura; desde la tenebrosa Cárcel Real, hasta el soleado corral de los naranjos, pasando por las húmedas tabernas de Triana con el siempre omnipresente Guadalquivir de fondo.

«- Sólo quiero saber de dónde vendrán las estocadas.
Quevedo encogió los hombros.
- De cualquier sitio, como suelen – seguía ojeando alrededor, indiferente-. Ya no estáis en Flandes... Esto es España, capitán Alatriste».

De esta aventura destacaría si cabe, más que la historia en sí, que a veces parece un poco relegada al segundo plano de la descripción histórica, el poder de Pérez-Reverte de otorgar liviandad a las palabras más pesadas y al trepidante ritmo que cogen sus escritos. Aunque esto no es algo exclusivo de El oro del rey, en esta entrega el autor hace frente con acertado cuidado a la inclusión de nuevas localizaciones y ambientaciones (todo lo relacionado con el mundo marítimo) con lo que esto suele conllevar para el desarrollo de la trama en si. A pesar de las numerosas descripciones y detalles de la sociedad del siglo XVII, que como comentaba a veces dejan un poco de lado la verdadera narración de la acción, la novela funciona, y al igual que me pasa con todo lo que leo de Pérez-Reverte, se me ha hecho preocupantemente corta.

Obviamente llegar a un punto tan avanzado del desarrollo de una saga me hace recomendar irremediablemente la lectura de su continuación, pero además de la mera inercia, esta entrega presenta refrescantes novedades que apoyan su lectura. La aparición de la resplandeciente Sevilla, llena de vida y comercio y de ocasiones y oportunidades para espadachines a sueldo, sumado a la inexorable y esperada, cada vez más activa, participación del joven protagonista Íñigo de Balboa, hacen de la cuarta aventura del capitán Alatriste un soplo de aire fresco.


Fd: El lector Invisible

viernes, 30 de octubre de 2015

La colmena // Camilo José Cela (1951)

«Los clientes ven pasar a la dueña, casi sin mirarla ya, mientras piensan, vagamente, en ese mundo que, ¡ay!, no fue lo que pudo haber sido, en ese mundo en el que todo ha ido fallando poco a poco, sin que nadie se lo explicase».

Hace unas semanas Estocolmo fallaba el prestigioso, y mejor dotado, Premio Nobel de Literatura 2015. Este año tan ilustre galardón fue a parar a las manos de una bielorrusa de 67 años de nombre tan desconocido como su obra, Svetlana Aleksiévich. Desde el nacimiento de este Blog, a finales del año pasado, me había propuesto leer al menos una obra al año del autor que se erigiera con el premio pero, sin desmerecer el criterio del jurado sueco, la obra de esta autora no me atrae en absoluto. Puede ser que conforme se vayan traduciendo sus obras al español, hasta el momento en el que se anuncio el premio sólo se había traducido un ensayo, encuentre la motivación para meterle mano pero de momento el periodismo documental sobre la Unión Soviética no es mi tema preferido. No obstante y teniendo la idea del premio Nobel en mente he decidido homenajearlo de otra manera, con la lectura de La colmena obra Camilo José Cela uno de los pocos españoles merecedores del galardón.

La historia de esta novela es la historia de la vida, del trasiego y la convivencia, de las relaciones y la idiosincrasia, del orgullo y la necesidad, de las raíces, de la esperanza de todo un barrio y las preocupaciones de una nación entera. Cela, con un lenguaje muy cercano y coloquial, incluso para nuestra época, nos introduce con todo lujo de detalle en los entresijos de los cafés, las calles o los soportales de los bloques de edificios. La colmena es una amalgama de celdillas donde en su interior las abejas vibran, rumian y se comunican entre si, donde se desarrollan vidas e historias entrecruzadas que sin quererlo y precisamente debido a su mundanidad, destacan como ninguna.

Al final, si he de decir la verdad, no quedo muy satisfecho de su lectura. En mi opinión esta es una de esas novelas cuya censura inicial favoreció y otorgó más fama de la que, a lo mejor, a priori hubiera podido tener. Ese cariz de prohibición, en España no se publicó hasta 4 años después de su primera edición argentina, le confirió una fuerza de llamada popular que se diluye con el argumento, entre la inmensidad de personajes que aparecen. La novela no tiene ningún tipo de ritmo ni de hilo que se pueda seguir, a parte del de la pobreza y la miseria, y sólo describe personajes y sus circunstancias, uno tras otro.

Aunque en su momento pudiera ser muy transgresora, en cuanto al lenguaje y al trato abierto y desinhibido de ciertos temas considerados tabús como la prostitución, el sexo o la política, su lectura a día de hoy me ha dejado un tanto indiferente. Para una persona interesada en la evolución de la sociedad, la represión, las preocupaciones o las costumbres y comportamientos de un pueblo, en definitiva, del realismo social, seguro que puede sacar más provecho a esta novela que alguien que como yo sólo buscaba mero entretenimiento.



Fd: El lector Invisible

jueves, 22 de octubre de 2015

El marciano // Andy Weir (2014)

«Es una sensación extraña. Allá donde voy, soy el primero. ¿Salgo del vehículo de superficie? ¡Soy el primer tipo en llegar! ¿Subo una colina? ¡El primer tipo en subir esa colina! ¿Doy una patada a una roca? ¡Esa roca no se había movido desde hace un millón de años! Soy el primero en recorrer larga distancia en Marte. El primero en cultivar en Marte. El primero, el primero, el primero.
...
Joder, daría cualquier cosa por una conversación de cinco minutos con alguien. Con cualquiera, en cualquier sitio. Sobre cualquier cosa. Soy la primera persona que está sola en un planeta».

Hace tiempo que vengo escuchando, quizás con más insistencia a partir del boom generado por la saga Canción de hielo y fuego (Juego de tronos), de la existencia de un gran dilema o debate entorno a las diferencias entre ciencia ficción y fantasía. Para un ignorante como yo en materia literaria este debate era baldío y no le prestaba demasiada atención, ya que en mi opinión todo entraba dentro del mismo saco. Hoy, mi visión ha cambiado y el motivo de que tenga más claro cual es la esencia de la ciencia ficción es gracias a El marciano de Andy Weir, una verdadera oda a la ciencia y todo un ejemplo de rigurosidad y prestancia.

La sinopsis de esta novela, la primera de su autor, es tan sencilla como atractiva. En ella se nos narra las aventuras de un astronauta, ingeniero/botánico para más información, que tras ser dado por muerto a causa de una terrible tormenta de arena, es abandonado a su suerte en el planeta rojo por su tripulación, la Ares III. A partir de ahí su existencia se convierte en una verdadera lucha contrarreloj y contra natura (entendiendo por natura las áridas hostilidades de Marte) por sobrevivir y encontrar soluciones a su extrema y delicada situación. Pronto descubrimos que su ingenio y su peculiar sentido del humor serán sus mejores armas, acompañado eso si, por sus amplios conocimientos de botánica.

«ENTRADA DE DIARIO: SOL 6

Estoy bien jodido».

Aunque apasionante y fabulosa, con un rigor extremo muy acertado y todo un ejemplo de lo que debe ser la ciencia ficción, uno de los aspectos que no me han gustado mucho de esta fantástica novela es la manera en la que el autor nos presenta al protagonista, Mark Watney, y su historia; la primera persona. El hecho de elegir esta manera para contar sus peripecias le quita tensión y fuerza a la narración, pues la acción se reduce a los recuerdos o reflexiones que una vez a salvo y a posteriori nos cuenta Mark a través de su cuaderno de bitácora. Otra de las críticas que podría hacer es que toda la novela me ha parecido muy interesante, pero no intrigante. Ya desde las primeras páginas sabemos cual es el destino de nuestro protagonista y por consiguiente el camino que ha de recorrer. Esto deja poco margen a la improvisación y a los giros inesperados, que aunque los hay, repito, me parecen interesantes pero ya no intrigantes ni sorprendentes. También por rizar el rizo, los aspectos técnicos de astronautas, la NASA etc., aunque se explican con la mayor sencillez posible, a veces hacen difícil al lector imaginarse ciertas situaciones con claridad.

En resumen, y dejando de lado estos pequeños matices, El marciano me ha parecido una sensacional obra de ciencia ficción. Con su lectura he visto revitalizarse este género literario y he sentido su verdadero significado. Una novela muy rigurosa y concienzuda, tensa y fuerte que además cuenta con una descripción marciana sublime donde ningún detalle escapa de la mente de su meticuloso autor. Un libro de los que te atrapa desde el inicio y que no te suelta hasta el sobrecogedor desenlace final.

Fd: El lector Invisible

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Apéndice fílmico:


Aprovecho esta reseña para inaugurar al más puro alfombra roja style, una nueva minisección que he titulado “Apéndice fílmico”, un pequeño anexo donde trataré de traer una crítica o impresión personal de las adaptaciones literarias de estreno de las lecturas que reseño.
Marte
Ridley Scott
Matt Damon, Jessica Chastain ...

Esta primera entrega le ha tocado a Marte, que no el marciano, película dirigida por Ridley Scott e interpretada casi monográficamente por Matt Damon. Para comenzar he de decir que la película ha resultado bastante fiel al libro. Este suele ser uno de los aspectos más importantes y que también más preocupa al público lector, pero en este caso la adaptación me ha parecido bastante correcta y precisa. Sólo hacia el final el director se ha permitido ciertas omisiones y licencias poéticas pero que en esencia no alteran demasiado el original. La tónica general al salir del cine ha sido positiva pero si que es verdad que me ha quedado un regusto extraño, un sentimiento de lo que acababa de ver era más ficción que ciencia, justo lo contrario que me ha parecido su lectura. Es cierto, que no se puede comparar el nivel de detalle desarrollado en un libro y una película, pero eso no cambia mi impresión. Por lo demás no me queda más que recomendarla y más ahora que se avecina la tan ansiada ¡Fiesta del cine!




sábado, 26 de septiembre de 2015

León el Africano // Amin Maalouf (1986)

«A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía».

A estas alturas creo que no voy a sorprender a nadie confesando que me encantan los libros de viajes, esos libros de aventuras personales que llevan a los protagonistas a vivir mil vidas en una sola. Y me gustan, supongo, por ese anhelo interior que tengo de inconformismo, que me llama hacia lo desconocido en pos de descubrir nuevas realidades que impidan a mi fantasmagórico ser resignarse con una existencia incompleta. Hay, desde luego, muchísimas otras circunstancias capaces de empujar a un hombre hacia la aventura, ya sea de manera real, sufrida en carnes y ampollas o desde una silla, elogiando con la imaginación y la pluma el recuerdo de aventureros pasados como ha hecho Amin Maalouf en su biografía novelada de León el Africano.

Nacido en Granada durante el s.XV, en los albores de la conquista cristiana, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, pronto descubrió que el destino no guardaba para él patria alguna, si no polvo en el camino, eternas lágrimas de despedida y continuos choques de cultura. Sin embargo, sus continuas idas y venidas en vez de pesares y lamentaciones le granjearon amistades por doquier, pocas o ninguna atadura y conocimientos, infinitud de conocimientos que marcaron no sólo su vida, si no también el sentido mismo de esta.

«mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en El Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia».

No voy a contar más sobre la historia de su vida, pues estaría desvelando el argumento de la novela, pero si que loaré la narración del Premio Príncipe de Asturias de las letras 2010 y Premio Goncourt 1993, Amin Maalouf, exiliado libanés actualmente miembro de la academia francesa de la lengua. A pesar del comienzo un poco lento, los capítulos tienen como base el desarrollo de cada año de la vida del protagonista (desde su nacimiento), pronto la trama empieza a ganar en matices y riqueza. Es a partir de la adolescencia, cuando los caminos de lector y protagonista quedan irrevocablemente unidos en una aventura constante llena de sorpresas y giros, donde no es difícil empatizar con un Hasan pícaro e ingenioso pero también libre-esclavo de las imposiciones de la sociedad del momento regida por la ley islámica. Además en este aspecto, Maalouf sabe sumergir perfectamente al lector dentro del mundo musulmán, con sus ricas costumbres y tradiciones generosamente bien explicadas.

En conclusión, León el Africano, no deja de ser una biografía novelada, lo que limita el público interesado en estos textos, pero para quien le guste la historia esta es sin duda una muy buena novela. Precisa y rigurosa, es una lectura llena de matices históricos pero también hábil en desentrañar aspectos concretos del momento político, social y religioso del siglo sXVI.
Fd: El lector Invisible


jueves, 3 de septiembre de 2015

Festín de cuervos // G. R. R. Martin (2005)

«¿quién tiene mejor vista que el cuervo? Tras toda batalla, los cuervos acuden a cientos, a miles, para celebrar un festín con la carne de los caídos. Un cuervo es capaz de divisar la muerte a distancia».

Hoy afronto una tarea complicada, aquella que consiste en reseñar un libro intermedio de una saga. El problema en estos casos está en dar una visión concreta y detallada del tomo que nos ocupa sin desvelar asuntos, tramas o desenlaces que puedan spoilear a quienes no han llegado a este punto y simplemente buscan un aliciente para continuar con la aventura. Además en este caso, debido a la corta vida de este Blog, es la primera reseña de esta saga que hago así que me veo casi en la obligación de no sólo hablar de Festín de Cuervos si no también de loar las páginas de toda la colección de Canción de hielo y fuego de G. R. R. Martin.

Para quienes conozcáis estas novelas por la famosísima serie de televisión, deciros que yo soy (o fui) uno de vosotros. Comencé la andadura en 2013 tras quedar prendado de la serie, pero con el tiempo el papel ha ido derrontado incontestablemente a la pantalla. La lectura de estos magníficos libros supera con creces a la ya de por si buena adaptación y aporta, además de una versión ligeramente diferente (la versión real del autor), unos matices y un nivel de detalle difícilmente abarcables en 40 minutos de televisión. No voy a mentir diciendo que la lectura de esta saga sea liviana, a menudo se ha que recurrir a los apéndices, tanto de mapas como de linajes de las casas, para saber donde o quien desarrolla la acción, pero pese a eso las páginas se devoran con tremenda rapidez. La magistral pluma de Martin traza un hermoso universo lleno de personajes, intrigas, traiciones y ambiciones que incluye la dosis justa de magia y fantasía, sangre, batallas y combates.

«En el juego de tronos, hasta las piezas más humildes pueden tener voluntad propia».

En el caso de Festín de Cuervos, la trama recupera el curso natural tras la tempestad de las entregas anteriores. En esta nueva edición no hay grandes movimientos ni batallas épicas ya que el paso de la tormenta anterior se llevó todo atisbo de valor y gallardía. Ahora quienes mandan son los cuervos, seres oportunistas acostumbrados a pescar en río revuelto que devoran indistintamente los cadáveres de reyes o cocherizos. Las peleas por los pedazos desmigados de los siete reinos desvela el lado más oscuro de los personajes que no dudan a la hora de aprovecharse de una tierra empobrecida y convaleciente.

«¿Cuánto vale una corona si un cuervo puede cenar carne de rey?

Quizás más pausada, con más asuntos de cámara y pocas batallas o giros inesperados y sorprendentes, Festín de Cuervos es hasta el momento la más floja de las publicaciones de esta insuperable saga de ficción medieval. Aun así considero esta lectura imprescindible por todo lo que conlleva llegar hasta ella y todo lo que predispone para futuras lecturas. Un libro de transición, que a mi entender preparar el terreno para la que se avecina, pero que aun así conserva el toque y la magia de G. R. R. Martin que te mantiene pegado al sofá leyendo y descubriendo más cosas sobre este fantástico mundo que es Canción de hielo y fuego.



Fd: El lector Invisible

miércoles, 12 de agosto de 2015

Son de mar // Manuel Vicent (1999)

«Ulises se preguntaba por qué navegar por el Mediterráneo se asimilaba constantemente a un hecho feliz cuando en los textos mitológicos el acto de embarcarse siempre va acompañado de lágrimas en los ojos y de terror en el corazón de los héroes ».

Cuando siento abulia o ese típico tedio de los largos y sofocantes días de verano, sólo en el mar encuentro consuelo. Ir a pasear por la playa, sumergirme bajo las olas y disfrutar de la sal en mis labios, bucear, descansar, sentir la respiración de la inmensa masa de agua. La vida entorno al mar es intensa y muy sensorial, y no hay mejor manera para captar esas sensaciones que mediante la lectura. Con un libro entre tus manos, los sentimientos se materializan, cobran cuerpo plasmándose entre las hojas, instalándose entre los puntos y aparte en forma de imágenes, salitre y los sonidos del mar. Un refuerzo positivo es lo que ofrece Manuel Vicent en su obra más popular, Son de Mar.

En ella, nos dejamos llevar por la brisa marina y los influjos de tiempos pasados, donde héroes y dioses pugnan por la supremacía del recuerdo. Es una narración paralela entre los sueños, la mitología y la realidad, con una dosis extra de mediterráneidad. Manuel Vicent consigue con esta obra transportarnos a orillas del levante, entre naranjos y pescadores, entre atunes y azahar para que seamos presa de la epidemia de esta tierra, que altera los sentidos y exacerba las pasiones.

«El olor a miel que se establecía en este paraje de Circea durante la floración de los naranjos actuaba como uno de esos meteoros que generan pasiones horrendas e irresponsables en otras partes del planeta. Bajo su influencia cualquiera podía soñar impunemente».

Son de Mar nos presenta a un desaliñado profesor de literatura, Ulises, que sueña despierto con los clásicos de Homero y Virgilio. Un hombre que vive atrapado en y para sus enseñanzas y que sólo sobrevuela el mar con su imaginación. Pero todo cambia con Martina. Ella es dulce y transparente, ávida de historias que le hagan estremecer y le transporten a una cueva de humedad y seguridad. Juntos comienzan una bella y poética historia de amor, que sólo el mar es capaz de romper, cuando el destino hace justicia con el nombre de Ulises.

En conclusión, una novela con la fuerza del mar, llena de simbolismos y referencias clásicas de donde se infiere la inmortalidad de ideas clásicas como la búsqueda de la propia identidad o las segundas oportunidades. Manuel Vicent consigue hacer ágil y amena una historia de amor y tormenta, de sentimientos y sueños. Sin duda una lectura inmejorable para estos meses de verano y a ser posible para degustar frente al mar.

Fd: El lector Invisible


miércoles, 5 de agosto de 2015

Plataforma // Michel Houellebecq (2001)

«Así que -continué- por una parte tienes varios cientos de millones de occidentales que tienen todo lo que quieren, pero que ya no consiguen encontrar la satisfacción sexual: buscan y buscan pero no encuentran nada, y son desgraciados hasta los tuétanos. Por otro lado tienes varios miles de millones de individuos que no tienen nada, que se mueren de hambre, que mueren jóvenes, que viven en condiciones insalubres y que sólo pueden vender sus cuerpos y su sexualidad intacta.

Es muy sencillo, de lo más sencillo: es una situación de intercambio ideal».

A pesar de tener las estanterías llenas de libros y cómo aquel que dice, aun con el precinto intacto, de vez en cuando gusto de pasear por las librerías de mi ciudad, simplemente a ver que hay. Nada más entrar echo un rápido vistazo a las novedades, paso por la sección científica y al final siempre acabo en el rincón destinado a los libros de bolsillo. Allí me dejo llevar por mi estado de ánimo, por los diseños, títulos, portadas, autores etc. y casi inevitablemente siempre acabo con alguna nueva adquisición. De esta manera, gracias a un nombre enrevesado y una portada sugerente, mis ojos se posaron sobre Plataforma de Michel Houellebecq para descubrir un Enfant terrible que entra directo al top ten de mis escritores favoritos.

Aun siendo la primera novela que leo de este autor, me parece que en Plataforma se condensa toda, o si no toda al menos gran parte, de las características que han llevado a Houellebecq a un éxito tan rotundo. Aunque odiado por muchos, por su manera directa y objetiva de afrontar temas espinosos o peliagudos o por su cinismo y chulería, también es amado por la otra parte de la sociedad, la que disfruta del desmenuzamiento de tabús. Yo personalmente me encuentro en esta segunda mitad, la que disfruta de la sátira social y sabe discernir la literatura de la realidad y la que agradece la honestidad sincera y sin perífrasis.

Para que os hagáis una idea, el libro trata la temática del turismo sexual y todo lo que orbita a su alrededor, desde el simple deseo sexual y la búsqueda de contacto humano en la insatisfecha vida del protagonista, hasta el negocio que de esta clase de turismo se desprende. Valiéndose de este contexto Houellebecq aprovecha para atacar directamente a la sociedad occidental, por su pérdida de valores y el desligamiento que estos seres muestran hacia cualquier tipo de sentimiento ajeno. Soledad, individualismo, egoísmo...

«El deterioro de la sexualidad en Occidente era, sin duda, un fenómeno sociológico y masivo, y resultaba inútil intentar explicarlo mediante tal o cual factor psicológico individual

Nos hemos vuelto fríos, racionales, extremadamente conscientes de nuestra existencia individual y de nuestros derechos; ante todo queremos evitar la alienación y la dependencia»

De Plataforma también me ha gustado el trato que le da a las escenas sexuales. Es la primera vez que leo sexo tan explícito y para nada he quedado saturado ni asqueado. Si que es verdad que abundan y llegan a convertirse en algo sin lo que la novela creo que no funcionaría, pero no obstante me parecen refrescantes y muy necesarias, sobretodo a partir de la mitad de la novela, cuando la trama comienza a profundizar en aspectos relativos a la industria del turismo y su trasfondo empresarial.

En conclusión, para afrontar a este polémico pero exitoso escritor francés, ganador del premio Goncourt 2011, hay que hacerlo desde la objetividad que nos ofrece su manera simple, casi pragmática, de afrontar ciertos temas. En mi opinión parece que a Houellebecq le guste jugar al abogado del diablo y ofrecer siempre la otra cara de la moneda, darle la vuelta a la tortilla a esos temas que en esta vanagloriada moderna sociedad aun siguen enquistados. Una lectura muy recomendable que con un lenguaje muy sutil y explícito va calando poco a poco.

Fd: El lector Invisible


lunes, 20 de julio de 2015

La feria de los discretos // Pío Baroja (1905)

«Somos muy discretos. Mucha facundia, mucha palabra entusiasta y fogosa, mucho floreo; un aspecto superficial de confusión ingenua y candorosa... La exaltación por fuera y el frío por dentro.

Adiós, Córdoba, pueblo de los discretos, espejo de los prudentes, encrucijada de los ladinos, vivero de los sagaces».
La literatura es mucho más que mero entretenimiento. Esto es una obviedad, pero a veces es importante recalcarlo. Gracias a los libros podemos transportarnos a otros lugares, lugares que nunca hemos visitado o donde nunca podremos llegar a estar, y sin embargo sentirnos parte de ese territorio. Otras veces tenemos la fortuna de poder viajar a esos sitios, y es entonces cuando la literatura se convierte en la mas fidedigna guía de viajes, de cultura, de costumbres y de tradiciones. Hoy en nuestro recorrido habitual nos desplazamos a Córdoba, la cual visitamos acompañados de Pío Baroja en La feria de los discretos.

Resulta extremadamente emocionante recorrer las calles y ver los inmuebles que se describen en una novela y hacer tuyos los recuerdos escritos. Es lo que yo llamo la triple conexión, una conexión imaginaria que aparece entre autor, protagonista y lector. Todo comienza con la propia experiencia del autor, vagando por los empedrados de la ciudad, imaginando tramas, encuentros y desencuentros. Después llega la del protagonista, enrolado en esas aventuras imaginarias, transitando las mismas plazas, cafés, pensiones e incluso monumentos que el autor visitó. Ya por último está nuestra visión, la que florece al revivir las dos vidas anteriores y que incluye entre sus recuerdos una mezcla de ficción y realidad.

En cuanto a la trama, Pío Baroja nos presenta a un mozo recién llegado de Inglaterra en busca de un hueco en su Córdoba natal de la que ha estado alejado durante toda su adolescencia. En la primera parte del libro, Quintín, que se nos muestra un tanto atribulado y soñador, trata de encontrar los recuerdos de su lejana infancia y conciliarse con la ciudad que le vio marchar. Es en esta parte donde conocemos su historia y la de su familia y empezamos a entrever los mecanismos de la sociedad española de la segunda mitad del s. XIX. Más tarde, casi a mitad del relato, un Quintín ya hecho a los entresijos y a los bajos fondos cordobeses nos lleva, gracias a su ingenio y gallardía, por los caminos de la revolución de 1868 “La Gloriosa” en pos de cumplir su epicúreo sueño de grandeza y holgazanería.

«En el fondo, yo no soy nada. Soy un hombre de acción que necesita dinero y complicaciones para vivir».

Carisma, nobleza, valentía y principios. Petulancia, usura, poder y arrogancia. La feria de los discretos nos muestra una visión de la dualidad social imperante en aquella época, donde ni los malos son tan crueles ni los ricos tan generosos. Con una trama dinámica y un protagonista arrollador, un verdadero hombre de acción, antihéroe de fuertes principios y noble proceder, Pío Baroja nos presenta una novela entretenida y llena de acción, donde no faltan bandoleros, persecuciones y escaramuzas de todo tipo. Además, por si fuera poco Córdoba surge como un personaje más del relato, una ciudad que brilla con luz propia.

Fd: El lector Invisible


jueves, 9 de julio de 2015

Tren nocturno a Lisboa // Pascal Mercier (2004)

«Era el tren, no él, quien decidía que este viaje continuara, este viaje tan despierto y real que lo sacaba a cada hora que pasaba, en cada estación, fuera de la vida llevada hasta entonces».

Emprender un viaje. Pocas acciones hay tan simples y a la vez tan complicadas, tan mágicas y excitantes. Para mi hay pocas sensaciones equiparables a la de tomar asiento en una amplia y confortable butaca de un tren cualquiera y libro en mano emprender una nueva aventura bajo el ocaso del día. Los viajes son momentos para nosotros, para aferrarse a lo indispensable y divagar pensando en el destino. Incluso los trayectos más triviales o rutinarios tienen siempre algo de renovador; esa esencia de dejar atrás el pasado y enfrentarte al futuro. Nos encanta viajar y que mejor manera en este caso de hacerlo, que viajando en Tren nocturno a Lisboa de manos de Pascal Mercier.

Pascal Mercier, seudónimo de Peter Bieri en esta novela, nos presenta a Raimund Gregorius un arquetípico profesor suizo de lenguas clásicas, de meticuloso proceder y calculado obrar, que vive por y para los textos antiguos. Quizás algo aburrido y anodino, una pizca insustancial y previsible, todo cambia en su vida cuando de repente la casualidad le enfrenta a una palabra y un libro.

“português

De esta manera, sin avisar, todo lo que Gregorius creía seguro y firme comienza a descomponerse. Las palabras de ese desconocido autor portugués parecen estar escritas por y para él, y en su interior se enciende la urgente necesidad de conocer la historia de ese orfebre de las palabras que parece conocer todas las respuestas a las latentes preguntas de su vida. A través de la doble vida que le proporciona el libro del médico y poeta Amadeu de Prado, Gregorius comienza a tomar conciencia de su propia vida.

A mi entender, y pese a la avanzada edad del protagonista, esta novela tiene muchos tintes de novela de iniciación o de aprendizaje y precisamente es ahí donde encuentro la mayor controversia. Si bien es cierto que se trata de un aprendizaje tardío, asociado a la edad adulta y que casa a la perfección con el otro subgénero predominante, el filosófico, el ritmo, las acciones y las cuestiones que preocupan al protagonista se me antojaron un tanto distantes, confusas para este subgénero. Además en ningún momento llegué a conectar con el protagonista ni con ninguno de los otros personajes secundarios, casi todos bien entrados en la vejez.

En definitiva, Tren nocturno a Lisboa es un libro inspirador, que nos recuerda lo importante que es vivir con intensidad y apreciar cada momento de nuestra vida. Es una lección de filosofía muy bien llevada y nada pesada. Nos habla de valentía y de resistencia, de amor por las palabras y amor por la vida, de trenes, caminos y rieles que conducen nuestra vida, pero también de saltos, paradas e intercambios. Al final, somos nosotros quien decidimos nuestro futuro.
Fd: El lector Invisible


sábado, 6 de junio de 2015

Cuentos imprescindibles // Anton Chéjov (1886-1899)

«Un álamo cubierto de escarcha se divisaba en la tiniebla azulada, como un gigante envuelto en un sudario. El árbol me miró grave y triste como si, de manera análoga a la mía, comprendiera su propia soledad. Le estuve contemplando largo rato».

Antón Pávlovich Chéjov llegó a casa pasadas las cuatro de la tarde. Como en él era habitual, sentó nada más llegar en su butaca y mandó llamar a la empleada para que sirviera el té. Tras las duras jornadas en el hospital, gustaba disfrutar de esas “Pequeñeces de la vida”. Así, apoltronado como estaba, sintió la fatiga recorrerle el cuerpo y por primera vez en mucho tiempo rompió con la rutina de actualizarse con los nuevos avances médicos y se puso a escribir. Rondaba por su mente desde hacía bastantes días una imagen, un recuerdo que le perseguía; la mirada de una mujer desconocida.

Antón acostumbraba a las miradas de las muchachas, jóvenes fans que adoraban a ese nuevo tipo de hombre de éxito; estiloso, refinado, bohemio de pulcro bigote perfilado y elegante en el vestir. Un verdadero dandi 2.0 que cuando no estaba salvando vidas en El pabellón número 6, escribía terribles historias de amor. Pero el recuerdo de aquella mujer, de sincera actitud y grácil caminar, le hizo sentirse por un momento desgraciado, vacío, como si no supiera nada Del amor. ¿Cómo podía expresar en 140 caracteres aquella profundidad de mirada, aquella intensa desazón interior?

Sintió que el microrelato, aquel estilo novedoso que condensaba los sentimientos a tiro de pajarito azul y que tanta fama le había ortorgado, no le bastaba para describir una simple mirada. Sintió el Fracaso apoderarse de su interior, La desgracia cerniéndose sobre su brillante carrera de microescritor y una terrible depresión le consumió.

Al día siguiente levantó con ánimo renovado, había tenido una revelación mientras dormía. Un ángel, claro, diáfano y con voz de mujer le había confesado su amor. Era aquella dama, la misma que días antes le mirara con pasión. Antón corrió al despacho, conectó el ordenador y dejó que el influjo del sueño aun latente escribiera por él. La dama y el perrito lo tituló y pronto se convirtió en un verdadero éxito compartido por millares de personas .  

Fd: El lector Invisible


jueves, 14 de mayo de 2015

La ciudad y la ciudad // China Miéville (2009)

«Aprenderían, al menos de forma esquemática, signos fundamentales de arquitectura, vestimenta, el alfabeto y las costumbres, los colores y las señales ilegales, los detalles obligatorios para distinguir Besźel y Ul Quoma, y sus habitantes».

No soy muy aficionado a prorrumpir con grandes titulares ni a generalizar en esto de la literatura, pero a veces ocurre que te sientes en la necesidad de ser tajante aunque sólo sea por un momento. Y es que tras la lectura de La ciudad y la ciudad de China Miéville, he llegado a la conclusión de que no me gustan las novelas de detectives. No me gusta el género policíaco. Siento si queda un poco brusco pero aunque mi experiencia con este género se reduzca a unos cuantos títulos (incluyendo las extraordinarias aventuras del señor Holmes), creo que no necesito mucho más para afianzar mi idea y rendirme a ella.

Aunque rasgadora y transversal, la novela que hoy reseño sigue estando dentro de la linea policial y al final este tipo de historias, que siempre te llevan por los mismos derroteros, me parecen muy previsibles y llenas de tópicos, y aunque los cada vez más creativos escritores se las ingenien para sorprendernos con nuevos argumentos, estos siempre acaban reduciéndose a los mismos estereotipos. Me refiero a las clásicas secuencias de un crimen en principio banal, detective peculiar que lo investiga, caso que se complica, sospechoso que no es culpable y personaje que no parecía sospechoso pero que acaba siéndolo. En fin, que aun habiendo mil variantes posibles de esa secuencia, esta siempre acaba adoleciendo de lo mismo.

No obstante algo que si aporta La ciudad y la ciudad y que le ha valido entre otras cosas ser galardonada con los premios Hugo, Arthur C. Clarke o Locus, y que realmente si me pareció muy original, es la idea de presentarnos la trama en un escenario doble: dos ciudades completamente independientes que comparten el mismo espacio físico. Es un poco complicado de explicar y la mejor manera de entenderlo, es sin duda leyéndolo, pero en resumidas cuentas ocurre que en estas ciudades entramadas, Besźel y Ul Quoma, conviven en una misma calle ciudadanos de dos nacionalidades distintas y cada uno regido por sus propias normas que regulan desde el modo de vestir hasta la forma de caminar, todo ello en pos de poder identificar y por lo tanto "desver", "desoler" y "desoír" a sus extraños vecinos.

Esta idea me ha parecido muy interesante ya que en función de la ciudad en la que estés, aunque no te hayas movido de una calle, estás obligado a obviar ciertas cosas y entre ellas se incluyen los crímenes o los altercados de la ciudad vecina. Dentro de este rol, la novela juega continuamente con ese matiz, presentando situaciones comprometedoras dentro de la propia investigación del crimen que el detective en cuestión, Tyador Borlú, deberá saber esquivar y gestionar para llegar a resolverlo.

Así pues reconozco que es una impresión personal el que no me gusten este tipo de novelas, pero una cosa no quita la otra y me parece que esta está tratada de una manera exquisita, muy pulcra y cuidada y que combina de manera excepcional el toque policíaco con el fantástico. Una novela recomendable para descubrir otra manera de contar una típica historia de detectives.

Fd: El lector Invisible


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